jueves, 22 de marzo de 2007

Sexualidad, una reflexión sociológica.

Parece innegable, y más desde finales del siglo XIX con las obras de Freud, que el sexo y la sexualidad son parte profunda e inherente a lo humano y por extensión a lo social.
Si bien esta relación sigue estando en una continua discusión, lo que parece claro es que lo sexual juega un papel preponderante en la construcción social de relaciones. Y aunque la cultura determine un poco la sexualidad, me parece, siguiendo a autores como Fromm, Freud y Baudrillard, que lo sexual también determina un poco lo cultural y por tanto lo social.
No quisiera entrar en discusiones sobre el papel de la sexualidad en el desarrollo psicológico del individuo en relación con otros individuos, sólo quisiera apuntar el hecho de que ésta es parte fundamental de lo que nos conforma como personas y por ello como sociedad, en el entendido de Giddens: “Las funciones sexuales son un rasgo maleable de la identidad personal, un punto de primera conexión entre el cuerpo, la auto-identidad y las normas sociales” (2000, p. 25). Y sin embargo, existe una doble relación entre la estructura social más amplia y la identidad individual.
El mismo autor habla de que “la sexualidad es un constructo social, que opera en campos de poder, y no meramente un abanico de impulsos biológicos que o se liberan o no se liberan” (p. 31). Esta distinción es importante porque nos habla de la libertad con la que dichos impulsos pueden llevarse a cabo o no en distintas sociedades (religiones, pueblos, grupos etc.).
A través de la historia, la sexualidad ha sido permitida, atacada, exaltada, reprimida, tolerada, sublimada y todas las “adas” que se puedan decir.
Me parece que es partir de los años 70 que se inicia una verdadera transformación de la concepción social de lo sexual, convirtiéndose la sexualidad en un estandarte de libertad y el placer en un derecho social.
Sin duda son los movimientos feministas y gays-lésbicos, que han logrado consolidarse de esos años para acá, los que dieron el impulso decisivo para que se haya logrado una reformulación social al respecto.
Actualmente la sexualidad ha dejado de ser sólo el vehículo de la reproducción para instaurarse como una manifestación de placer. En este momento, en las sociedades desarrolladas podemos hablar de que existe una búsqueda abierta del placer y de que se ha
logrado (por lo menos en teoría) una equidad en ello entre hombres y mujeres; como dice
Giddens
"La emancipación sexual, creo, puede ser el medio de lograr una reorganización emocional de amplio espectro de la vida social. El significado concreto de emancipación en este contexto no es, sin embargo, como los radical-sexuales proponían, un conjunto sustantivo de cualidades psíquicas o formas de conducta. Es entendido más efectivamente de forma procedimental, como la posibilidad de la democratización radical de la vida de las personas. Quien dice emancipación sexual, a mi entender, dice democracia sexual. No sólo es la sexualidad que está en juego. La democratización de la vida personal se extiende también, de manera fundamental, a las relaciones de amistad, y nuclearmente, a las relaciones con padres, hijos y otros parientes." (p. 165).
Existe de este modo un segundo fenómeno en la actualidad que también representa una transformación en la relación de la sexualidad con lo social y es el hecho de que ésta, en específico la relación sexual había estado reservada al ámbito de lo íntimo, de lo personal, incluso de lo oculto, y en cambio ahora vemos cómo en las sociedades occidentales modernas la sexualidad (y el sexo) es cada vez más del orden público.

Esto es fácil de comprobar en los medios (especialmente la publicidad, sin hablar de la oferta mediática pornográfica), y si bien siempre ha existido, está cada vez más difundido y propagado en espacios antes impensables (supermercados familiares, kioscos y tiendas populares). Por otro lado, destaca la proliferación de giros comerciales de índole sexual (sex-shops, tabledances, bares gay, cines porno, etc.) que, a diferencia de los tradicionales burdeles, soncada vez más recurridos por mujeres, parejas e incluso por personas en busca de regalos para amigos y amigas.
La sexualidad ha pasado de estar en la esfera de lo privado a convertirse en parte de la esfera de lo público. Estos dos elementos, que el placer se haya democratizado y extendido sobre el sexo como reproducción y que sea cada vez menos algo “íntimo”, han dado pie a que la sexualidad pueda ser la base para pensar lo social. En ese sentido, es interesante el estudio del Internet como un nuevo elemento en esta ecología de lo sexo-social, siendo las relaciones sexuales mediadas por computadora no sólo un terreno de experimentación de acciones sexuales, sino de acciones sobre lo sexual y por ende de lo social (algunos ejemplos son las campañas mundiales en contra de la ablación, la recolección de firmas para protestar contra la discriminación sexual, etc.).
Ya se ha hablado de que el Internet no es ajeno a las condiciones prevalecientes en las diferentes sociedades donde se sitúa, y por ello puede ser un vehículo de liberación de energías reprimidas (en sociedades donde la sexualidad sigue siendo tabú). Así es notorio el número de lesbianas y homosexuales que están conectados en red (y a la red), no sólo para intercambiar contenidos sexuales, planear encuentros y tener cibersexo, sino como un ejercicio liberador y auto-afirmativo, como lo dice una mujer en el perfil que la describe: “Descubrí el amor con otras mujeres un par de años atrás. Ya no me gusta el sexo con hombres (lo siento chicos, no me traten de contactar, serán ignorados). Me encanta intercambiar fotos y charlar con otras mujeres”.
Por ello, y ante la posibilidad de enfrentar el rechazo o la marginación, la red se establece como un espacio liberador, como centro de experimentación o como un medio de autoafirmación y combate.
Al convertirse en un terreno donde convergen personas con diferentes posiciones, que provienen de diferentes culturas, que tienen diversas formas de apropiarse del sexo y que
ponen en juego dichas formas, el Internet se erige como un espacio donde se pone en juego
lo sexual, donde se retan los sentidos, las formas, el lenguaje, pero también donde se recrea
lo social.

Aunque se basa en las relaciones sexuales, en la masturbación personal y en la imaginación sexual, el cibersexo las sobrepasa como prácticas sexuales y exige su reconocimiento como una forma nueva: integradora algunas veces, multiplicadora en otras, limitada en muchas, pero con su propia estructura, forma y desarrollo.
(Fuente: Cibersexo: ¿La última frontera del Eros? Un estudio etnográfico autor M.C. Edgar Gómez Cruz, Investigación realizada con apoyo del Fondo Ramón Álvarez Buylla de la Universidad de Colima, México).
Ilustración: Cuadro "Interludio", 1934 de Raquel Forner

1 comentario:

Edgar Gómez dijo...

Interesante sitio, gracias por la referencia.